Un año a la deriva

El 24 de mayo Guillermo Lasso cumplió un año de gobierno como Presidente de la República, 365 días de neoliberalismo rampante y sin control, donde las élites y la oligarquía más putrefacta ha manejado y desmantelado el país parte por parte.

El banquero dió un informe a la nación lleno de mentiras y promesas vacías, en medio de un Ecuador que muere por falta de medicamentos, es ignorado en su grito de auxilio frente a la delincuencia, y es perseguido y criminalizado por su condición socioeconómica y de resistencia.

Aquí los puntos que nos parecen más importantes discutir del horrendo primer año del gobierno de la banca (recordando que no son los únicos que se necesitan exigir en la agenda del Presidente):

Seguridad, la promesa inconclusa de Lasso

La concepción de Estado, o mejor dicho de ausencia de Estado, que tiene el Gobierno de Lasso, agudiza y refuerza el narcotráfico, las redes criminales, el aumento de delitos violentos y las masacres carcelarias. 

La delincuencia reina campante en Guayaquil y en gran parte de la costa ecuatoriana, se refuerza en Quito a niveles casi nunca antes vistos y se expande a zonas de reconocida tranquilidad. Si bien la inseguridad, al igual que el desempleo y la inflación, son problemas que no se los puede reducir en su totalidad debido a las fallas propias del sistema, queda claro que no se ha otorgado garantías mínimas al respecto. Las medidas que se han planteado y tomado para combatir la delincuencia, el narcotráfico y la inseguridad son tan ineficaces como disparatadas. Desde declarar estados de excepción carentes de las medidas que aquello implica hasta propuestas desesperadas que pretenden replicar la segunda enmienda de la Constitución estadounidense en referencia al libre porte de armas y la autodefensa. 

El discurso poco convincente que intenta legitimar el accionar del gobierno de Lasso sobre el combate a la inseguridad denota, en primer lugar, fallas de comunicación y contradicciones entre declaraciones de las autoridades. En segundo lugar, la repetición de un error que muchos gobiernos suelen cometer y cuyo malestar en la población ha quedado comprobado, atribuir la culpabilidad de lo que sucede a periodos presidenciales anteriores. En tercer lugar, demostrar con pruebas cuantitativas de dudosa interpretación que los estados de excepción funcionan para reducir los niveles de criminalidad en las provincias en las que se aplicó. 

Sin embargo, la causalidad del problema de la delincuencia es tan estructural que se requiere mayor investigación, por ende, tiempo para afirmar la efectividad o no de los estados de excepción. La búsqueda de cooperación internacional en materia de seguridad denota la poca capacidad del gobierno de Lasso para concretar soluciones efectivas con los recursos disponibles. Además, la capacitación de las fuerzas policiales en el extranjero (Estados Unidos) es tarea inconclusa si no se proporcionan las herramientas adecuadas para combatir la delincuencia porque los estándares de Ecuador y Norteamérica son mucho diferentes.

Lawfare, un gobierno más de persecusión

El uso de la justicia con fines políticos ha sido una de las herramientas a las cuales los últimos gobiernos de derecha en la región recurrieron para orientar el Estado hacia el neoliberalismo. En el gobierno de Lenín Moreno se cometieron graves violaciones a los derechos humanos y al debido proceso de las principales figuras de la revolución ciudadana y a las organizaciones sociales. Situación que se agudizó en el gobierno de Guillermo Lasso, en ese sentido el discurso del presidente se ha orientado a criminalizar al progresismo ecuatoriano, las organizaciones sociales y la protesta social. Con el único fin de seguir capturando el Estado y perpetuarse en el poder. 

Economía, el cuento que se hace Lasso

El los últimos días el Gobierno de Guillermo Lasso y su ministro de economía cobijados de los medios de comunicación y sus idearios han sostenido un discurso  a modo de realismo mágico, sobre el buen manejo de las finanzas públicas del Estado, la reducción del déficit fiscal, el aumento de reservas, la creación de empleo, la reactivación de la economía y el cumplimiento de los requerimientos del Fondo Monetario Internacional discurso muy distinta de la realidad. En ese sentido la economía ecuatoriana en el 2021 tan solo creció un 3,1% representando la economía con menor tasa de crecimiento en América del sur, distante a su vecinos como Colombia con un 9,5% y Perú con un 13,5% según la Cepal. En lo correspondiente al trabajo, la tasa de desempleo a marzo del 2022 llegó al 4,8% cifra menor al 4,2% del 2019. Por otro lado, el subempleo a marzo del 2022 se ubicó en un 23% y la tasa de empleo adecuado llegó al 32,7% muy distante de la tasa del 37,9% del 2019. Desde que llegó Lasso al poder la tasa de informalidad laboral no ha disminuido significativamente más bien ha tenido leves variaciones y no muestra un signo de mejoramiento, es así que en junio del 2021 la informalidad laboral era del 49,9% y en marzo del 2022 aumentó a un 51,0%.  La pobreza a nivel nacional para diciembre del 2021 se ubicó en un 27,7% mientras que para diciembre del 2019 era del 25,0%. Respecto a la seguridad social, es muy preocupante la elevada tasa de informalidad laboral que dificulta el acceso a la seguridad social y tan solo en el 2022 se han recuperado solo 84,000 afiliaciones. El aumento del precio de la canasta básica es otro problema que dificulta la economía de las familias y dista del discurso que sostiene el gobierno el precio de la canasta básica en junio del 2021 era de 709,40 USD y para abril  del 2022 alcanzó un precio de 728,68 USD. También uno de los argumentos a los que recurrió el gobierno en campaña fue la atracción de Inversión extranjera directa, pero en lo que va su periodo de gobierno cayó aproximadamente un 40%. 

Privatización, la cereza del pastel de la oligarquía

La joya de la corona para el gobierno de la banca es la privatización de los sectores estratégicos del Estado, que evidentemente pone a babear a la oligarquía ecuatoriana. 

La externalización de las farmacias forma parte del plan 1 que tiene el neoliberalismo para poner en manos privadas al Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social, deja en manos de empresarios carroñeros el principio fundamental de solidaridad que significa la salud pública, en donde el que más tiene y menos necesita de asistencia médica, puede aportar por el jubilado y pensionista que muchas veces no tiene otra salida que acudir a los centros de salud pública.

Pero porque le da tan buen resultado el mover hacia la privatización tan noble servicio, pues porque el neoliberalismo es astuto, desmantela poco a poco los recursos e insumos que son tan vitales para los hospitales públicos y culpa a la corrupción (no estamos diciendo que no exista) pero es la justificación perfecta para tirar la poca reputación que le queda al IESS y conseguir que todos los servicios médicos pasen si o si por prestadoras privadas.

Con respecto a la venta del Banco del Pacífico parece una cruzada personal para Guillermo Lasso, quiere limpiar toda competencia para su adorado Banco de Guayaquil, y es por eso que también dispone a diestra y siniestra de las políticas y la organización de la Superintendencia de Bancos y las regulaciones que (no) se van a hacer a la banca.